¿Cómo manejar las rabietas sin gritar?

Publicado el 26 de julio de 2026, 22:45

¿Cómo manejar las rabietas sin gritar?

Comprender primero, corregir después

"Detrás de una rabieta no hay un niño que quiere manipularte; hay un niño que aún está aprendiendo a manejar emociones demasiado grandes para su cerebro."

Como madres, padres o cuidadores, es natural sentir frustración cuando un niño llora, grita, se tira al piso o parece perder el control por situaciones que, desde la mirada adulta, parecen pequeñas. En esos momentos, muchas personas se preguntan: "¿Por qué hace esto?" o "¿Cómo puedo detener la rabieta sin terminar gritando?"

La buena noticia es que la ciencia nos muestra que las rabietas forman parte del desarrollo infantil y que existen formas de acompañarlas que fortalecen el vínculo y ayudan al niño a desarrollar autorregulación emocional.

¿Qué es una rabieta?

Una rabieta es una reacción emocional intensa que suele presentarse entre los 18 meses y los 5 años, aunque algunos niños pueden experimentarlas durante más tiempo dependiendo de su desarrollo, temperamento y contexto.

Durante una rabieta, el niño puede:

  • Llorar intensamente.
  • Gritar.
  • Aventar objetos.
  • Tirarse al suelo.
  • Golpear o patear.
  • Negarse a colaborar.
  • Buscar consuelo y rechazarlo al mismo tiempo.

Aunque pueden resultar muy desafiantes para los adultos, las rabietas son una forma de expresar emociones que el niño todavía no sabe comunicar con palabras.

¿Por qué ocurren las rabietas?

Las rabietas no aparecen porque un niño sea "malcriado" o quiera manipular a sus padres.

En realidad, ocurren porque su cerebro aún está madurando.

Las investigaciones en neurodesarrollo muestran que durante la primera infancia la corteza prefrontal, encargada del autocontrol, la toma de decisiones y la regulación emocional, todavía está en pleno desarrollo. En cambio, estructuras como la amígdala, relacionadas con las respuestas emocionales intensas, son altamente reactivas.

Esto significa que, cuando un niño siente frustración, miedo, cansancio o enojo, experimenta una emoción muy intensa sin contar todavía con las herramientas necesarias para gestionarla por sí mismo (Siegel & Bryson, 2012).

¿Qué suele desencadenar una rabieta?

Las causas más frecuentes son:

  • Hambre.
  • Sueño.
  • Cansancio.
  • Sobreestimulación (mucho ruido, personas o actividades).
  • Frustración por no lograr algo.
  • Cambios inesperados en la rutina.
  • Necesidad de atención o conexión.
  • Dificultad para expresar lo que necesita.

Muchas veces la rabieta no comienza por el motivo aparente (por ejemplo, un juguete o un dulce), sino porque el niño ya venía acumulando estrés físico o emocional.

¿Qué hacer durante una rabieta?

1. Mantén la calma

Tu regulación emocional será el principal modelo para tu hijo.

Cuando el adulto grita, amenaza o pierde el control, el cerebro del niño interpreta que el entorno es aún menos seguro, aumentando la intensidad de la rabieta.

Respirar profundamente antes de intervenir puede ayudarte a responder en lugar de reaccionar.

2. Valida la emoción, no la conducta

Validar no significa estar de acuerdo con el comportamiento.

Puedes decir frases como:

  • "Veo que estás muy enojado."
  • "Entiendo que querías seguir jugando."
  • "Sé que esto es difícil para ti."

Cuando un niño se siente comprendido, es más probable que poco a poco pueda recuperar la calma.

3. Mantén el límite

Comprender las emociones no significa permitir cualquier conducta.

Puedes decir:

"Entiendo que estés enojado, pero no puedo permitir que me pegues."

Los límites claros brindan seguridad.

4. Espera a que el cerebro vuelva a la calma

Durante una rabieta intensa, el cerebro del niño está en un estado de alta activación emocional.

Intentar razonar, dar sermones o pedir explicaciones en ese momento suele ser poco efectivo.

Primero necesita recuperar la calma; después podrá comprender lo ocurrido.

5. Acompaña sin abandonar

Algunos niños necesitan un abrazo.

Otros prefieren un poco de espacio.

Lo importante es transmitir disponibilidad y seguridad.

Puedes decir:

"Estoy aquí cuando estés listo."

¿Qué evitar?

Aunque es comprensible sentir desesperación, algunas respuestas pueden aumentar la intensidad de la rabieta:

  • Gritar.
  • Ridiculizar.
  • Amenazar.
  • Compararlo con otros niños.
  • Etiquetarlo como "berrinchudo", "caprichoso" o "malcriado".
  • Ceder siempre para detener el llanto.

Estas estrategias pueden resolver el momento de forma inmediata, pero no enseñan habilidades de regulación emocional.

Después de la rabieta viene el aprendizaje

Cuando el niño ya está tranquilo, es un buen momento para hablar sobre lo ocurrido.

Puedes preguntarle:

  • ¿Qué sentiste?
  • ¿Qué pasó?
  • ¿Qué podríamos hacer la próxima vez?

También pueden practicar alternativas como:

  • Respirar profundamente.
  • Pedir ayuda.
  • Nombrar la emoción.
  • Buscar un espacio tranquilo.
  • Abrazar un cojín o un peluche.
  • Dibujar lo que sintieron.

Es en estos momentos cuando realmente se construyen nuevas habilidades emocionales.

¿Cuándo es recomendable buscar apoyo profesional?

Aunque las rabietas forman parte del desarrollo, es recomendable solicitar una valoración cuando:

  • Son muy intensas y ocurren varias veces al día.
  • Persisten con la misma intensidad después de los 5 o 6 años.
  • El niño se lastima a sí mismo o a otras personas.
  • Tiene dificultades importantes para recuperarse después de una rabieta.
  • Interfieren con la convivencia familiar, escolar o social.
  • Se acompañan de otras señales como dificultades en el lenguaje, el desarrollo o el procesamiento sensorial.

Una evaluación profesional permitirá comprender qué está originando esas conductas y ofrecer estrategias adaptadas a las necesidades del niño.

Lo que dice la ciencia

Las investigaciones actuales muestran que los niños desarrollan una mejor regulación emocional cuando los adultos combinan calidez, empatía y límites consistentes. Este estilo de crianza, conocido como crianza con autoridad o democrática, se asocia con mayor seguridad emocional, mejor desarrollo de las funciones ejecutivas y relaciones familiares más saludables (American Academy of Pediatrics, 2018; Center on the Developing Child, Harvard University).

Un mensaje para las familias

Las rabietas no son un examen sobre qué tan buenos padres somos.

Son oportunidades para enseñar a nuestros hijos algo que tardarán años en dominar: cómo reconocer, expresar y regular sus emociones.

Cada vez que eliges acompañar antes que reaccionar, estás ayudando a construir un cerebro más seguro, resiliente y capaz de enfrentar los desafíos de la vida.

Porque, al final, los niños no necesitan adultos perfectos; necesitan adultos que les enseñen, con paciencia y amor, cómo volver a la calma.

Autor: Karen Aceves

Maestra en psicología transpersonal, psicóloga infantojuvenil, terapeuta de integración sensorial.

Referencias bibliográficas (APA 7.ª edición)

American Academy of Pediatrics. (2018). Effective discipline to raise healthy children. Pediatrics, 142(6), e20183112.

Center on the Developing Child at Harvard University. (2020). Building the Brain's "Air Traffic Control" System: How Early Experiences Shape the Development of Executive Function. Harvard University. https://developingchild.harvard.edu

Siegel, D. J., & Bryson, T. P. (2012). The Whole-Brain Child: 12 Revolutionary Strategies to Nurture Your Child's Developing Mind. Delacorte Press.

Shonkoff, J. P., & Phillips, D. A. (Eds.). (2000). From Neurons to Neighborhoods: The Science of Early Childhood Development. National Academies Press.

Gottman, J., & DeClaire, J. (1997). The Heart of Parenting: Raising an Emotionally Intelligent Child. Simon & Schuster.

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