La adolescencia es una etapa de grandes cambios físicos, emocionales y sociales. Es normal que durante este periodo existan momentos de preocupación, nerviosismo o incertidumbre. Sin embargo, cuando la ansiedad comienza a interferir con la vida cotidiana, las relaciones, el rendimiento escolar o el bienestar emocional, deja de ser una respuesta adaptativa y puede convertirse en un problema que merece atención profesional.
En Gaokerena creemos que detrás de muchas conductas que suelen etiquetarse como "rebeldía", "desinterés" o "mal comportamiento", con frecuencia existe un adolescente que está intentando manejar emociones que aún no sabe expresar.
¿Qué es la ansiedad?
La ansiedad es una respuesta natural del organismo ante situaciones que percibimos como amenazantes.
Su función es prepararnos para responder ante un peligro. No obstante, cuando aparece de manera intensa, frecuente o sin un riesgo real, puede afectar significativamente la calidad de vida.
Durante la adolescencia, el cerebro continúa desarrollándose, especialmente las áreas relacionadas con la regulación emocional y la toma de decisiones, lo que hace que esta etapa sea particularmente vulnerable al desarrollo de trastornos de ansiedad (Casey, Jones & Hare, 2008).
Señales que muchas veces pasan desapercibidas
La ansiedad no siempre se manifiesta como una persona preocupada o nerviosa. En muchos adolescentes aparece de formas poco evidentes.
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Irritabilidad constante
En lugar de expresar miedo o preocupación, algunos adolescentes reaccionan con enojo, discusiones frecuentes o respuestas explosivas.
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Cambios en el rendimiento escolar
La dificultad para concentrarse, olvidar tareas o bajar el desempeño académico puede estar relacionada con una ansiedad persistente y no necesariamente con falta de interés.
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Aislamiento social
Evitar reuniones, dejar de convivir con amigos o permanecer la mayor parte del tiempo en su habitación puede ser una estrategia para reducir el malestar emocional.
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Molestias físicas frecuentes
Dolor de cabeza, dolor de estómago, tensión muscular, náuseas o sensación de falta de aire son síntomas físicos comunes de la ansiedad, incluso cuando los estudios médicos no muestran alteraciones.
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Perfeccionismo excesivo
Algunos adolescentes se exigen demasiado por miedo a equivocarse o decepcionar a los demás. Este perfeccionismo suele generar altos niveles de estrés y agotamiento.
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Cambios en el sueño
Dificultad para dormir, despertares frecuentes, pesadillas o dormir muchas horas también pueden ser indicadores importantes.
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Evitación
Comienzan a evitar actividades escolares, exposiciones, deportes, reuniones familiares o cualquier situación que les genere ansiedad.
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Uso excesivo de pantallas
En ocasiones, los videojuegos, las redes sociales o el teléfono celular funcionan como una forma de escapar temporalmente del malestar emocional.
¿Cuándo es recomendable buscar apoyo psicológico?
Es importante solicitar una valoración cuando:
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Los síntomas permanecen durante varias semanas.
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La ansiedad interfiere con la escuela, la familia o las amistades.
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El adolescente deja de realizar actividades que antes disfrutaba.
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Existen crisis de ansiedad o ataques de pánico.
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Se presentan pensamientos negativos constantes sobre sí mismo.
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El malestar emocional genera un sufrimiento significativo.
No es necesario esperar a que la situación sea muy grave. La evidencia científica muestra que la intervención temprana mejora el pronóstico y disminuye el riesgo de que los síntomas se vuelvan más severos o persistan en la vida adulta.
¿Qué pueden hacer los padres?
Más que buscar respuestas inmediatas, el primer paso suele ser construir un espacio donde el adolescente se sienta escuchado.
Algunas recomendaciones son:
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Escuchar sin minimizar lo que siente.
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Evitar frases como "es una etapa" o "échale ganas".
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Validar sus emociones, aunque no comprendamos completamente su experiencia.
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Favorecer hábitos saludables de sueño, alimentación y actividad física.
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Mantener una comunicación abierta y libre de juicios.
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Buscar ayuda profesional cuando el malestar comienza a afectar su vida diaria.
En Gaokerena creemos...
La ansiedad no define a un adolescente.
Muchas veces, detrás del silencio, el enojo o el aislamiento existe una necesidad profunda de sentirse comprendido y seguro. Pedir ayuda no significa que exista una falla en la familia ni que el adolescente sea "débil". Significa reconocer que merece herramientas para comprender lo que siente, fortalecer sus recursos emocionales y desarrollar estrategias saludables para afrontar los retos propios de esta etapa.
Acompañar a tiempo puede marcar una diferencia importante en su bienestar presente y futuro.
Referencias bibliográficas
American Psychiatric Association. (2022). Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (5th ed., text rev.; DSM-5-TR). American Psychiatric Publishing.
Casey, B. J., Jones, R. M., & Hare, T. A. (2008). The adolescent brain. Annals of the New York Academy of Sciences, 1124(1), 111-126. https://doi.org/10.1196/annals.1440.010�
Kessler, R. C., Berglund, P., Demler, O., Jin, R., Merikangas, K. R., & Walters, E. E. (2005). Lifetime prevalence and age-of-onset distributions of DSM-IV disorders. Archives of General Psychiatry, 62(6), 593-602. https://doi.org/10.1001/archpsyc.62.6.593�
Organización Mundial de la Salud. (2021). Salud mental del adolescente. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/adolescent-mental-health�
Weems, C. F., & Silverman, W. K. (2013). Anxiety disorders. En E. J. Mash & R. A. Barkley (Eds.), Child Psychopathology (3rd ed.). Guilford Press.
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